AL SOL - DialogoSobre Imagenes de la Memoria
con Gela Garcia y Gustavo Illade
Una tarde y parte de una noche de mayo, Stella Johnson, Gela García (profesora de fotografía para niños) y Gustavo Illades (filológo) conversaron sobre decenas de fotografías tomadas por Stella en México, Camerún y Nicaragua. Hacía calor. La conversación ocurrió en Cuernavaca, en el año 2004.
GUSTAVO. Las imágenes fotográficas tal vez nunca son un hecho consumado y jamás llegarán a serlo. Pareciera que su destino consiste en evocar cada vez más remotamente un acontecimiento inasible e incomparable. La imagen fotográfica, el instante retenido, más que objeto de un recuerdo, es el foco (focus, fuego) de miradas sucesivas que sólo a posteriori crearán recuerdos. Es acontecimiento por venir, insinuación del futuro, de lo que llegará con el tiempo: el transcurrir de la vida de quien mira y vuelve a mirar el acontecimiento retratado. Con los años, el espectador de una fotografía recuerda a través de ésta su propia vida. La imagen no fija el pasado; se abre al devenir para fundar la memoria de quien la observa. Andando el tiempo, la relación se invierte al punto de ser la imagen la que observa e interroga al espectador. Y si la fotografía retrata una comunidad rural, el espectador asiduo, por más ajena y lejana que ésta sea, terminará estableciendo relaciones de parentesco con ella. Tus fotografías parecen condensar este proceso, parecen –si me permites la expresión- autorretratos ajenos, álbum de familia ancestral.
STELLA. Cuando tenía diecisiete años fui con mis padres a visitar a mis parientes, fuimos a pueblos sin agua corriente, sin electricidad. No me vas a creer: cuando bajamos del avión estaban esperándonos una mujer idéntica a mi abuela y su hija de diez años, quien llevaba un vestido que reconocí inmediatamente. Le dije a mi mamá: “¡Es el vestido que me regaló mi tía cuando tenía diez años!”. Era morado y lo recuerdo porque se rompió del talle y mi mamá lo cosió con hilo blanco en lugar de morado. Regresé al año siguiente y con una cámara instantánea saqué un montón de fotos, sin entender nada de fotografía, sin todavía conocer a mis héroes, a Robert Frank, a Constantin Manos, a Koudelka. Me fascinaron sus caras marcadas de líneas y su ropa, pues aquellas mujeres se parecían a mis abuelas, a mi abuela materna, siempre vestida de negro porque habían muerto sus dos hijos.
GUSTAVO. Todo comenzó cuando te reconociste en otras personas… Duplicaste sus rostros a través de una cámara en un ambiente familiar…
STELLA. Me dio mucho miedo ir por la calle y sacar fotos de gente que no conocía. Desde entonces hasta hoy en día no saco fotos de la gente si no sabe de antemano que voy a hacerlo. Por eso me meto en las comunidades, vivo allá para que la gente me conozca. No puedo sacar una foto nada más y correr. Yo no puedo. Siempre pido permiso, siempre.
GUSTAVO. Supongo que por respeto a la persona.
STELLA. Por respeto a mí y a ellos. No quiero molestar. Cuando fui a Nicaragua, en el año 2003, quería ver cómo era la vida después de la revolución, quería ir a la costa del Caribe porque está muy retirada de Managua y no a las ciudades donde todo mundo va. Siempre deseo ir a los lugares más retirados. Conocí a una mujer que me envió a San Gabriel, con su hija adoptiva, que vive allá. Sin avisar, fui con esa niña y me dijeron: “Si quieres quedarte en nuestra casa, eres bienvenida, no importa cuánto tiempo”. Me meto en la vida de la gente. Los antropólogos toman distancia. Es su punto de vista. Yo quiero que mi cámara esté cerca, a tres pies. ¿Y cómo haces eso si no estás en medio de sus vidas?
GUSTAVO. ¿Buscas únicamente comunidades rurales pobres?
STELLA. Sí. Y más en África. Me costó siete días llegar de mi casa hasta allá. En la aldea de Camerún que visité no hay agua corriente y no hay luz. En Nicaragua es lo mismo. Aquí en México hay agua y luz. Siempre quise saber cómo –las mujeres en primer lugar- viven en tanta pobreza y cómo pueden sobrevivir. No lo entiendo hasta hoy. Trabajan veinte horas al día, veinte horas.
GUSTAVO. ¿Haces fotografía de denuncia, fotografía política?
STELLA. No. Mis fotos no muestran lo dura que es su vida. Al contrario: muestran la belleza de su vida.
GUSTAVO. Sorprende tu capacidad de adaptación.
STELLA. No es la gran cosa, no, no. Vivo en las comunidades por un periodo limitado.
GUSTAVO. Sin embargo, has regresado a visitar a las personas que conociste.
STELLA. Claro. Y ellas me han visitado a mí en Boston.
GUSTAVO. El obvio que tus fotografías son posibles gracias a las relaciones afectivas que construyes. Resulta tentador preguntar cuál es la finalidad, ¿obtener imágenes o ganar amigos?
STELLA. ¿Quién sabe qué vale más? Tengo amigos y ahijados en todas partes y siento mucho cariño por ellos. Por eso estoy feliz de la vida. Tengo amistades muy fuertes. Si vives en casa de una persona un mes, dos meses, tres meses… ¡Imagínate!
GUSTAVO. Es un vínculo para toda la vida.
STELLA. Tienes la amistad para toda la vida. Y vas a chocar con la persona, pero, como en muchas familias, vuelves al cariño.
GUSTAVO. Quizá hayas vivido varias vidas. Tal vez podamos ver tu obra fotográfica como una manera de ser otras personas o como una manera en la que otras personas –tus espectadores- te pueden conocer.
STELLA. No sé. Me sentí muy triste ahorita, al salir de Amilcingo. Estaba a punto de llorar y quería correr. Las últimas palabras que me dijo “la doña” fueron “no me olvides”. ¿Y cómo voy a olvidarla? Ella no entiende que voy a regresar a mi casa y que tengo un montón de fotos de mi gente colgadas en las paredes. Así escojo las fotos y puedo ver mis errores. Tengo una pared de México, una de Camerún y una de Nicaragua. Vivo con las fotografías, vivo todos los días con la gente de esas comunidades cuando estoy en Boston.
GUSTAVO. ¿Piensas en el público norteamericano cuando oprimes el obturador?
STELLA. No pienso en nadie.
GUSTAVO. ¿Has expuesto tus fotografías en los lugares en que las tomaste?
STELLA. Mis fotos de Camerún están en un museo de adobe y paja de la aldea. Son del rey y de toda la población. Él me invitó a volver para seguir trabajando. Me han enviado muchas cartas y regalos de Camerún. Les encantaron sus fotos. Son pobres, pero no muestro su pobreza.
GUSTAVO. Las fotografías son un diario de tu vida…
STELLA. Eso te iba a decir. Es impresionante. Con cada foto recuerdo el momento que tomé del día, qué estaba pasando ese día, cómo me sentí ese día. No tengo que hacer notas. Allá está la foto y nunca, nunca olvido qué pasó en ese momento. En una ocasión, Lourdes Arizpe y yo estábamos escogiendo algunas imágenes, entre más de cinco mil. Le dije: “¿recuerdas la primera vez que fuimos a Amilcingo?”. Vinieron a mí todos los sentimientos, el día con mucho calor y mucho polvo y mucha incertidumbre. Sé cómo va a caer el sol mes con mes en cada lugar. Para mí, la vida cotidiana de una comunidad habla de la vida humana en general. Los detalles son lo más importante. Lo único que necesito es luz. La luz es todo y es muy buena en México, en Nicaragua y en Camerún.
GUSTAVO. Has hecho miles de imágenes de cientos de personas. ¿Y autorretratos?
STELLA. Los hice cuando estudiaba fotografía. Fueron las primeras pruebas para conocerme a mí misma, para saber quién soy.
GUSTAVO. ¿Ya lo sabes?
STELLA. No, todavía no sé quién soy.
GELA. Quizá lo dicen tus fotografías. Veo en casi todas ellas tres planos, los cuales producen un movimiento circular parecido a muchos juegos. Hay siempre ternura en el punto de vista. Captas las imágenes a una altura idónea para mostrar a las personas en su situación, para mostrar los sentimientos de las personas.
GUSTAVO. Los sentimientos, es cierto. Stella no utiliza a las personas para afirmar una ideología política o religiosa. No crea imágenes periodísticas o etnográficas. Tampoco produce material útil para algún ejército de salvación o para alguna forma de publicidad, por ejemplo, la de Oliverio Toscani.
GELA. Llaman la atención los temas de Stella: la niñez, las mujeres trabajando, los afectos cotidianos. Son todos momentos apacibles de la vida, momentos intermedios entre el erotismo y la muerte. Abundan los retratos en exteriores de personas en movimiento. La constante son dos personas, una duplica a la otra o ambas se duplican en sus sombras. Suele aparecer un personaje secundario en actitud de observar.
GUSTAVO. ¿Es “el ojo de la historia”?
GELA. No estoy segura. En cualquier caso, los elementos están equilibrados. Si un sujeto se halla activo, otro está ensimismado, pero nunca o casi nunca en soledad.
GUSTAVO. Las imágenes de África muestran movimientos corporales en conjunto, algo así como una danza cotidiana inconsciente, fiel a su cultura y a su origen.
GELA. En México y Nicaragua la tradición es menos evidente. Las personas se abstraen con mayor facilidad de su situación.
GUSTAVO. En la serie de México observamos mujeres en diferentes momentos de su vida. El conjunto de imágenes pareciera obedecer a un intento de marcar etapas biográficas, generaciones, con el fin de establecer la historia de una “tribu” entrañable cuyos nexos internos son familiares y cuyo parentesco con Stella reside en la amistad que nace de la convivencia diaria.
GELA. Si esto es así, lo es gracias al equilibrio interno de las imágenes, el cual se debe al equilibrio del punto de vista, intermedio entre el plano general y el close up.
GUSTAVO. Sin embargo, el balance depende de un “momento decisivo”.
GELA. El momento decisivo de los afectos. Es parte del punto de vista, de un encuadre adecuado, del manejo creativo de la luz. Un buen ejemplo es la extraordinaria fotografía del hombre –en Camerún- con la mano alzada y la cabeza fuera de cuadro, una cabeza cuya sombra se proyecta de perfil en la pared de una choza.
STELLA. Fue una foto imprevista. Yo iba hacia mi casa en la aldea. Si buscas el momento quizá no lo encuentras, aparece de repente.
GELA. El gesto del hombre parece una bendición. Él tiene una actitud muy expresiva, casi religiosa. Puede ser un sacerdote, un brujo o una persona común y corriente. La casa y la ropa son sencillas, pero la postura es señorial. El hombre habla con la mano, pero sobre todo con los pies. El juego de sombras lo hace todo, cuenta una historia, crea un fantasma que, fuera de ese momento, se desvanece. Tal vez en la realidad cotidiana ese hombre no es nada de eso. La pared blanca contiene una pintura…
STELLA. Es una pintura hecha a mano con colores naturales.
GELA. Parece sombra de la sombra del hombre. Ésta, la sombra intermedia, tiene a la vez dos tonos sobre la pared que parten a lo largo la silueta de un individuo duplicado al infinito.
GUSTAVO. Así descrita, esa fotografía nos dice, o bien que una persona es todas las personas de la aldea, o bien que la fotografía exhibe todas las imágenes de una misma persona.
GELA. Otra imagen espléndida es la de los niños garífunas de Nicaragua. Uno, de espaldas, lanza la red al mar; otro, de frente, mira al infinito o hacia adentro de sí mismo.
STELLA. Es una de mis favoritas. Eran las siete de la mañana. Los niños estaban buscando camarones para comer.
GELA. La red barrida es bellísima. El tiempo no está detenido. Hay movimiento y quietud, hay acción externa y contemplación íntima, equilibrio a partir de contrastes. La imagen es hermosa de por sí, pero es más hermosa cuando pensamos que se trata de una misma persona en dos momentos diferentes. Además, en el extremo derecho aparece una mano, no sabemos de quién, una mano intrusa que da la impresión de salir de la foto para asirla y mostrárnosla. Esa misma mano nos recuerda la vida de la comunidad más allá de la foto. En muchas imágenes aparecen sujetos fragmentados. La ausencia llama a la presencia, la persona a la familia.
GUSTAVO. La mano de la que hablas enmarca una acción, la vuelve episódica. Lo mismo ocurre con el juego de sombras de la foto del hombre en Camerún. Es posible que los aspectos técnicos que equilibran cada imagen obedezcan a una visión del mundo según la cual los momentos líricos (los rostros ensimismados) sólo sean posibles en situaciones, digamos, épicas (la vida cotidiana de la comunidad).
GELA. Esto mismo se da incluso en fotografías de espacios interiores con personas en aparente soledad. Pongo por caso la imagen de las niñas mexicanas que juegan cada una para sí: la mayor, de pie, con un cordón en las manos y la menor, sentada bajo una mesa, con las manos ocupadas y cruzadas las piernitas.
STELLA. Son Mónica y su hermana Natividad. Juegan en la cocina, sin muñecas, sin gameboy.
GELA. Juegan con juguetes imaginarios. Yo las veo como una aparición mágica. La mesa, llena de cubetitas y tazas, parece un laboratorio y ellas, alquimistas. Así, bajo la mesa, la pequeñita sugiere un duende. Parece un montaje y no lo es.
GUSTAVO. A mayor pobreza del entorno, mayor complejidad del juego…
STELLA. Allí está la belleza. Tienes que vivirlo.
GELA. Esta fotografía nos cuenta el cuento que las niñas han inventado y dentro del cual actúan, juegan. Se hallan adentro y afuera de sus fantasías, cada una en lo suyo, pero coordinadas entre sí. Son Alicia en el país de las maravillas. Sin embargo, es la fotografía la que nos explica lo complejo de su invención.
STELLA. Ellas están en sus mundos. Casi olvidaron que yo me hallaba allí. Eso cuesta tiempo.
GELA. Cuesta tiempo y muchos intentos tuyos que no vemos, pero que de alguna manera aparecen en la imagen. La niña mayor lleva puesto un reloj en el brazo. El reloj sitúa la escena en un tiempo reciente. El encuadre vuelve gigante a la niña que está de pie y a la pequeña, sumida bajo la mesa, la hace diminuta, casi del tamaño de la taza que se encuentra alineada a su cabecita. El encuadre nos muestra el poder de su alquimia: moviendo los hilos, la niña de pie hace aparecer a la pequeña que, en escala, hace lo mismo. Una vez que se incorpore, una vez que crezca, se convertirá en su hermana y tendrá los hilos en sus manos.
GUSTAVO. En la serie mexicana encontramos la fotografía de una familia retozando en la cama…
STELLA. El padre se recupera de una cirugía de la espalda. Los niños ven televisión y juegan con él. Hay mucho amor en esta familia. El hombre siente mucho cariño por sus hijos. No es una familia excepcional. Necesitan medicina y educación, pero el amor no depende de la escasez o de la abundancia. Ellos no entienden cuánto valoro el amor que se tienen.
GUSTAVO. Quizá tampoco entienden que construyes la memoria de aquello que inevitablemente olvidarían. Los retratos –gráficos o verbales- preceden por siglos a la fotografía. De diversas maneras la vida se ha organizado para ser recordada. Sobran retratos de fiestas, de guerras, de ritos, de personas y objetos importantes. Incluso la vida cotidiana se organiza para fundar una memoria. Lo más significativo, en mi opinión, es que retratas los momentos destinados a olvidarse por las mismas personas que los viven, aquello que esas personas nunca contarían a sus hijos o nietos. Retratas lo cotidiano de lo cotidiano, lo más intangible.
GELA. Por ejemplo, la mirada ensoñadora de muchos sujetos. Ahí está la mirada del niño garífuna acostado en la hamaca, con nostalgia, o la mirada de la mujer garífuna, preciosa, plena, sentada afuera de su casa, o la mirada de la joven mexicana –Fabiola-, a la deriva en una combi. Lo más importante es lo que ocurre dentro de sus ojos.
GUSTAVO. Los elementos exteriores, el contexto comunitario, la situación específica de los sujetos, incluso los aspectos técnicos de cada fotografía nos ayudan a nosotros, los espectadores, a intuir los momentos líricos, las imágenes íntimas de esas miradas ensoñadoras. Todo ocurre como si vieras en los ojos de tus sujetos cámaras fotográficas cuyas imágenes intentara revelar tu propia cámara, mostrándonos en tus fotos el mundo que miran y después ensueñan sus ojos. Tengo la firme impresión de que fotografías lo invisible.
STELLA. Nunca, nunca, nunca pensé eso, pero sí, podría ser.
GUSTAVO. Retratar lo invisible, la mirada interior de las personas, es uno de los aspectos que singulariza tu trabajo. Pero hay más. Buscas los lugares y los seres más alejados de ti. No exhibes su pobreza ni conviertes su cultura en objeto de estudio antropológico. Tu punto de vista está tan distante de la globalización como del “color local”. Te interesas por la vida en comunidad y al mismo tiempo por el individuo y sus fantasías privadas. Convives con las personas sin dejar de observarlas desde afuera, a través de la lente. Cuando uno mira una y otra vez tus fotos, en todas las secuencias posibles, descubre la enorme dificultad de darles un orden, de editarlas. El hecho de que no estén tituladas aumenta esa dificultad. Y sin embargo solicitan ser miradas una tras otra, pues generan entre sí relaciones de parentesco. Quisiera trazar un camino, entre otros posibles, para explicar la novedad de tu obra fotográfica.
STELLA. Te escuchamos.
GUSTAVO. Hacia mediados del siglo V antes de Cristo, el poeta griego Simónides de Ceos fundó para Occidente el arte de la memoria cuando identificó los cadáveres de los asistentes a un banquete por el lugar que ocupaban antes de derrumbarse un tejado sobre ellos. El arte de la memoria fue sistematizado por rétores y utilizado por los oradores romanos. Tomás de Aquino lo reelaboró con el fin de que los predicadores dominicos recordaran los sermones. Siglos más tarde fue empleado por Giordano Bruno y por Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. El autor anónimo de la retórica Ad Herennium es quien mejor describe dicho arte. Según él, hay dos clases de memoria, una natural, innata en nuestras mentes, y otra artificial, obtenida mediante el aprendizaje. La memoria artificial puede ser de cosas (imágenes) y de palabras (sonidos). Ello requiere del diseño mental de un espacio subdividido en lugares siempre evocables debido a la asimetría que los diferencia entre sí. Una vez asignados los lugares, han de inventarse imágenes asociadas a las cosas que se desea recordar. A cada lugar corresponde una imagen y a cada imagen, una cosa recordable. Estas imágenes, llamadas agentes, deben ser o muy bellas o muy grotescas con el fin de favorecer la retentiva a través de su dramatismo. Como puede entenderse, cada imagen agente es una pintura interior ficticia, una copia o retrato que la memoria artificial hace de algo exterior. La memoria artificial fue una especie de archivo fotográfico dos milenios anterior a la fotografía, pero un archivo sólo accesible a la persona que lo había creado internamente. Dicho esto, quisiera sugerir algunas correspondencias llamativas entre el arte griego de la memoria y tu arte fotográfico.
STELLA. ¿Correspondencias?
GUSTAVO. Sí. Los antiguos griegos representaban su mundo duplicándolo, transfiriendo a imágenes su hondo sentido del diálogo. Una estatua era réplica de un dios, una imagen agente era copia de un hecho, de un objeto o de una palabra. Hace rato pregunté qué es más importante, obtener imágenes o ganar amigos. En ti –creo yo- una cosa lleva a la otra. Las paredes de tu casa en Boston, llenas de fotografías, te permiten, como tú misma dices, vivir a diario con tus amigos de las comunidades. Cada foto funciona como una imagen agente que te recuerda la situación afectiva completa, todos los sentimientos, la hora precisa del día, la temperatura, según nos comentabas. Y no sólo eso. Muchas de tus imágenes presentan, como observó Gela, sujetos pares, uno de los cuales es réplica de otro, o sujetos duplicados en sus sombras. Trato de decir que tu relación con las fotos expuestas en las paredes de tu casa se reproduce al interior de las mismas fotografías, como si intentaras descubrir al espectador las imágenes agentes del sujeto en su propio entorno, las imágenes, copias o retratos que hace de su mundo, los cuales archiva en la memoria. En mi opinión, retratas, a través de las exteriores, las imágenes interiores de tus sujetos, lo más íntimo de ellos.
GELA. Imágenes invisibles, pero presentes en sus ojos ensoñadores. ¿Eso nos comunica la obra de Stella?
GUSTAVO. Su obra nos dice de múltiples maneras: el ser es su propia memoria. Construir esa memoria ha requerido de un largo viaje en silencio, de una odisea visual cuya narración funde los momentos líricos o afectivos de centenares de personas con sus respectivas situaciones épicas. Esa memoria ha construido una gran familia, una tribu de la cual Stella es madre generosa y cronista incansable. El origen de esa familia multiforme, comunitaria y rural, es decir, el inicio de la obra fotográfica, se halla tal vez, según el relato de la propia Stella, en la anagnórisis de un mundo ajeno, sin agua corriente ni luz, poblado de rostros familiares, se halla en la identificación con un ser de ese mundo lejano: la niña de diez años que llevaba el vestido que Stella usó cuando tenía la misma edad. Quizá todo empezó al mirar una copia, una fotografía viva de sí misma. El resto, la obra artística, ha consistido en duplicar aquel mundo recorriendo el laberinto de las comunidades rurales con el hilo memorioso de Ariadna, un hilo hecho de luz...
STELLA. El hilo blanco que unió las partes desgarradas de mi vestido morado.
Exerpts from the text:
Introduction by Constantine Manos
Dialogo Sobre Imagenes de la Memoria con Gela Garcia y Gustavo Illades
Dialogue on the Images of Memory with Gela Garcia and Gustavo Illades

